El de los rulos... sí, creo que se llama Esteban, y lo primero que fui de él, fue su enfermera.
En una fiesta, completamente embriagados, se lastimó el pie.
Corría la sangre cómo corría el trago manchando su media, me acerco, le pongo un poco de vodka en la herida ya que mi organismo no lo necesita más, le pongo una tela y él se me acerca al oído, muy lento, muy suave, mi oreja siente sus labios y su respirar y dice: "gracias, me has salvado la vida", le doy un caramelo que saque de la maquinita con manija, misma doctor y seguimos coreando las canciones.
El alcohol exagera las circunstancias pero facilita las palabras que rompen el hielo de "el día en que te conocí"
Seguimos ebrios, cantando los himnos de nuestros respectivos países hasta que me tapas la boca para que no cante más, y al sacar tu mano, mis labios sienten la suavidad de sus dedos, despacio, me los acarició y me callé de lo estupefacta.
Llegó la hora de irme, no sé su teléfono ni su e-mail, ni donde vive, ni él.
Me despido por la ventana, quizá fue un amor de un día.